Casi todos los ayuntamientos que se plantean digitalizarse arrancan igual: alguien tiene una idea concreta —sensorizar el alumbrado, montar un cuadro de mando, digitalizar incidencias— y esa idea se convierte en «el proyecto». Se perfila, se desarrolla, se valora, y se espera a la convocatoria que lo pague. El problema aparece cuando esa convocatoria nunca llega, o llega para otra cosa: entonces no hay plan B, porque nunca hubo plan A tampoco —solo una idea suelta esperando su turno.
No compites por una subvención con un proyecto. Compites con un plan, y el proyecto es solo la pieza que mejor encaja en cada convocatoria.
La diferencia entre tener éxito en financiar tu digitalización y quedarte fuera casi nunca es la calidad de la idea: es tener varias ideas ya definidas —alcance claro, coste orientativo—, en vez de una sola esperando que la convocatoria adecuada aparezca justo a tiempo.
Un proyecto suelto compite mal
Un proyecto pensado de forma aislada tiene un problema estructural: solo encaja bien en el tipo de convocatoria para el que se diseñó. Si sale una línea de ayuda para movilidad y tu único proyecto listo es de gestión del agua, no hay nada que presentar —o, peor, se fuerza el proyecto de agua para que “encaje” en las bases de movilidad, y el resultado es un proyecto flojo que puntúa mal y, si se concede, deja al municipio con algo que no estaba en sus prioridades.
Esto no es un problema hipotético: es el motivo número uno por el que ayuntamientos pequeños y medianos se quedan fuera de convocatorias que sí podían haber ganado. No por falta de presupuesto propio ni por falta de ideas, sino por no tener nada preparado cuando tocaba.
Qué es, en la práctica, un plan director de digitalización
No hace falta que suene a documento de 200 páginas, ni desarrollar cada proyecto al detalle antes de tiempo —eso tiene un coste, y muchos de esos proyectos puede que nunca lleguen a tener una convocatoria que los pague—. Un plan director útil es, sobre todo, una cartera de proyectos definidos: cada uno con su alcance claro y su coste orientativo, y sobre todo con qué objetivo y con qué prioridad real del municipio conecta (ahorro energético, atención ciudadana, cumplimiento normativo, movilidad…). No hace falta desarrollarlos del todo ni tener claro cuándo se van a poder pagar: lo importante es que estén definidos lo suficiente para que, cuando aparezca la convocatoria que mejor les encaja, solo haga falta desarrollar a fondo ese proyecto concreto —adaptado a lo que esas bases premian— en vez de partir de cero.
- Da flexibilidad real. Cuando sale una línea de ayuda, no hay que empezar a pensar qué presentar: se elige de la cartera el proyecto que mejor puntúa en esas bases concretas y se desarrolla a fondo solo ese.
- Prioriza lo que de verdad importa al municipio, no lo que casualmente tiene una convocatoria abierta esta semana.
- Multiplica las oportunidades. Cuantos más proyectos bien definidos hay esperando, más ventanas de financiación distintas se pueden aprovechar a lo largo del año, en vez de depender de que aparezca justo la convocatoria que necesitas.
- Evita la compra desalineada. El riesgo de comprar sensores, licencias o hardware que acaban sin usarse baja mucho cuando cada compra responde a un proyecto del plan, no a lo que pedía una convocatoria de paso.
¿Tu municipio todavía no tiene nada de esto? Te ayudamos a montarlo desde cero, sin que tengas que dedicarle el tiempo que hoy no te sobra.
Cómo se prioriza dentro del plan
Tener varios proyectos en cartera no significa desarrollarlos todos a fondo ni tratarlos como si valieran lo mismo. La pregunta, ante cada convocatoria que se abre, es siempre doble: qué proyecto puntúa mejor en estas bases concretas, y cuál le importa más al municipio ahora mismo y está más alineado con el objetivo de digitalización municipal. No siempre coinciden, y cuando no lo hacen, hay que decidir con criterio —a veces conviene presentar el que más puntúa aunque no sea la prioridad número uno, porque conseguir esa financiación libera presupuesto propio para acometer antes el que sí lo es. Una vez elegido, ese es el proyecto en el que merece la pena invertir el trabajo de desarrollarlo a fondo y adaptarlo a lo que esa convocatoria concreta premia, para maximizar la probabilidad real de conseguirla.
Esto es exactamente el tipo de decisión que se toma mejor con el plan delante que sobre la marcha, con la convocatoria ya abierta y el reloj corriendo.
No hace falta montarlo solo
Definir un plan director con varios proyectos —cada uno con su alcance y su coste orientativo claros, sin necesidad de desarrollarlos del todo hasta que toque— es justo el tipo de trabajo que no compensa improvisar desde cero cada vez que se abre una convocatoria. Y cuando llega el momento de desarrollar a fondo el proyecto elegido y adaptarlo a lo que esas bases concretas puntúan mejor, tampoco tiene sentido montar ese equipo en plantilla para algo que no es continuo.
¿Hablamos de cómo montar el plan de digitalización de tu municipio, con varios proyectos listos para cuando toque presentarlos?
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